lunes, enero 15, 2007

San Pablo Ermitaño


Empezamos hoy la semana de los Padres del yermo, llamada también de los barbudos: San Pablo de Tebas, San Palemón, San Mauro, San Antonio el Grande.

San Pablo es venerado por la Iglesia como modelo de la vida solitaria, por ser el primer ermitaño o anacoreta de quien habla la historia. Nació en la Tebaida, hacia el año 228. Sus padres le dieron una esmerada educación en las ciencias humanas, pero él cada día progresaba más en las divinas. Quedó huérfano muy joven, heredero de los bienes paternos, de los que muy pronto se desprendió totalmente para siempre.

Ante la persecución contra los cristianos decretada por el emperador Decio, huyó al desierto. En principio su idea era estar allí sólo hasta que amainase la persecución. Pero empezó a tomarle gusto al silencio del desierto, a la oración sin estorbos. Perdió el miedo a las fieras que al principio le asustaban. Y se quedó en el desierto, para no salir nunca más. Una pléyade de anacoretas le seguirían, y "el desierto se cubrió de flores".

Se adentró más y más en aquellas soledades. Encontró una cueva como destinada para él por la divina Providencia, y determinó sepultarse en ella para todos los días de su vida, sin otra ocupación que contemplar las verdades eternas y gastar en oración los días y las noches.

Había a la entrada de la cueva una palmera que con sus hojas y dátiles le daba para cubrirse y alimentarse. Más tarde cuenta la tradición que, la divina Providencia, que alimenta las aves del cielo y viste los lirios del campo, dispuso que un cuervo, como al santo profeta Elías, le trajese cada día medio pan, prodigio que duró hasta el día de su muerte.

Tenía Pablo 113 años y llevaba ya 90 en el desierto. Entonces San Antonio, que tenía 90 años y vivía en otro desierto - la región de la Tebaida estaba llena de anacoretas y cenobitas - tuvo el deseo de saber si habría algún otro anacoreta que viviese por aquellos agrestes parajes. Se sintió inspirado por Dios y desafiando las fieras que, según San Jerónimo, le salían al paso, caminó sin parar hasta dar con la cueva de Pablo. Así vencería la tentación de vanagloria al creer que no había en todo el desierto otro más antiguo y santo que él.

Una escena entrañable tuvo lugar entonces. Se abrazaron con ternura los dos ancianos, se saludaron por sus nombres, y pasaron muchas horas en oración y en santas conversaciones. En esto vieron llegar al cuervo con un pan entero en el pico. Admirado Pablo, dijo: Alabado sea Dios. Hace 60 años que este cuervo me trae medio pan cada día, pero hoy Jesucristo, en tu honor, ha doblado la ración. Demos gracias a Dios por su bondad.

Pablo anunció a Antonio - sigue la leyenda dorada - que estaba muy próxima su muerte, y le pidió que le trajese el manto de San Atanasio. Cuando Antonio volvía con el manto, vio subir al cielo el alma de Pablo, llena de esplendor. Llegó a la cueva, lo amortajó con el manto y, con la ayuda de dos leones que abrieron la sepultura, lo enterró. Era el año 342. Antonio se quedó con la túnica de Pablo, que luego vestía en las solemnidades.

San Jerónimo termina su relato comparando a los que tienen fortunas fabulosas con la vida del más perfecto solitario de todos los tiempos. Vosotros, les dice, lo tenéis todo, él no tenía nada. Pero el cielo se le ha abierto a este pobre, a vosotros, en cambio, se os va a abrir el infierno. Por mi parte, prefiero la túnica de Pablo a la púrpura de los reyes.

San Ignacio de Antioquia. Obispo y mártir


Si de la vida de este gran mártir de Jesucristo sabemos poco hasta que llega su peregrinaje desde Antioquía hasta Roma, sí que en cambio conocemos siete hermosísimas cartas que suplen sobradamente la carencia de datos de su juventud y mocedad hasta que llega a ser el Obispo de Antioquía.

El emperador Trajano que ha vencido a varios pueblos enemigos del imperio Romano, se siente orgulloso y decide luchar contra otros enemigos de más allá y en una de sus correrías llega hasta Antioquía para preparar su campaña contra Armenia y los Partos.

Ignacio añadió a su nombre el sobrenombre de Theophoros o partador de Dios y así las Actas y otros documentos suelen siempre darle estos dos nombres: Ignacio Theophoro.

Sin ser llamado, al enterarse de que el emperador está en Antioquía se presenta ante él para defender a sus cristianos y entre ambos se desliza este diálogo. Le pregunta Trajano:

- "¿Quién eres tú, demonio mísero, que tanto empeño pones en transgredir mis órdenes y persuades a otros a transgredirlas, para que míseramente perezcan?

- Nadie -respondió con valentía Ignacio - puede llamar demonio mísero al portador de Dios, siendo así que los demonios huyen de los siervos de Dios. Mas, si por ser yo aborrecible a los demonios, me llamas malo contra ellos, estoy conforme contigo, pues teniendo a Cristo, rey celeste, conmigo, deshago todas las asechanzas de los demonios.

- ¿Quién es el Theophoros o portador de Dios? -replicó con energía y curiosidad el emperador-.

- El que tiene a Cristo en su pecho, contestó con más energía aún Ignacio...

Algunos han visto en Ignacio al niño que Jesús tomó en sus brazos y dijo de él: "Cualquiera que se humillare como este niño será mayor en el reino de los cielos". Pero no hay razón apodíctica para probarlo. Lo cierto es que, gracias a su martirio, conocemos su gran personalidad. Como alguien ha escrito: "La densa oscuridad que rodea la vida y acción de Ignacio, es iluminada hacia el fin de su vida, con viva aunque fugaz ráfaga de luz. Si su martirio no le hubiera sacado de la obscuridad, nada nos hubiera quedado de él"... Pero sus siete cartas que escribe a lo largo de su itinerario hacia el Coliseo de Roma, donde morirá por Cristo, son un monumento que descubre al hombre recio y enamorado como pocos por Jesucristo.

Dicen las Actas de su Martirio que aquella bendita Antioquía que había sido regentada por Pedro y Pablo y santificada con la predicación de Bernabé, ahora era regida sabia y santamente por su obispo Ignacio. Por ser cristiano y defensor de los cristianos fue condenado a ser devorado por las fieras en la misma capital del imperio para que sirviera de escarmiento para todos los demás Cristianos. Dicen las Actas: "Ciñóse las cadenas y habiendo rogado por la Iglesia y encomendándola al Señor, como carnero, jefe de hermoso rebaño, fue arrebatado por la furia bárbara de los soldados, para ser llevado a Roma, a ser pasto de las fieras sanguinarias".

Durante el trayecto va corriendo la voz de ciudad en ciudad por donde pasan. Multitudes de cristianos salen a su encuentro para verle y para recibir su bendición. Escribe siete cartas sublimes. Muere por Cristo en el Coliseo de Roma: "Quiero ser trigo en los dientes de las fieras para convertirme en pan de Jesucristo. No me lo impidáis si es que me amáis", grita.

En una de sus hermosas cartas escribe: "Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible. No quiero ya vivir más la vida terrena". Era el año 107.

San Juan Bosco


Es el santo de la juventud. El santo de los obreros, el santo de la alegría, el santo de María Auxiliadora y el santo de muchas cosas más. El verano de 1815 nacía en Becchi-Piamonte (Italia) de padres humildes pero muy buenos cristianos. Desde muy niño hubo de trabajar duro al lado de su santa madre, la mamá Margarita, para sacar la casa adelante. De su santa madre recibió una profunda educación cristiana y un gran amor a la Virgen María junto con un gran respeto hacia los sacerdotes. Ambas cosas quedaron profundamente impresas en su alma.

Ya desde niño demostró estar en posesión de cualidades nada comunes en todos los sentidos: Era simpático, agudo, inteligente, trabajador y muy mañoso con cuanto se proponía. Desde niño y después de joven, pero sobre todo de sacerdote, trabajará tanto que parece casi imposible cómo en sólo 72 años de vida pudo realizar tantas y tan importantes obras. Alguien ha dicho que trabajó él solo más que diez hombres juntos de no cortas cualidades.

Cuando llegaba a Castelnuovo, Asti o Murialdo y algún titiritero atraía a pequeños y grandes durante el tiempo de la Misa o del Rosario, se presentaba él y decía: "Yo lo hago esto sin haceros pagar, tan bien o mejor que él pero con una condición: Que vengáis después todos conmigo a la Iglesia"... Lo hacía y arrastraba a los espectadores a tornar parte en cuanto en el templo se hacía. Así iba llenando la iglesia de fieles a la vez que limpiaba el pueblo de personas poco recomendables...

Ya dijimos que mamá Margarita admiraba a los sacerdotes. El los veía demasiado arrogantes y lejanos del pueblo, sobre todo de los niños y decía: "Si yo llego a ser sacerdote, como espero, jugaré con los niños y los querré, les haré cantar y con alegría a todos querré salvar"...

Cuando vistió el hábito clerical le amonestó aquella santa mujer que fue su madre: "Puedes imaginarte, hijo mío, la gran alegría que embarga mi corazón, pero, por favor, no deshonres nunca este hábito. Sería mejor que lo abandonaras. Cuando viniste al mundo te consagré por entero a la Virgen María; cuando comenzaste los estudios te recomendé la tierna devoción hacia Ella; ahora te encarezco que seas todo de Ella... Si llegas a ser sacerdote, recomienda y propaga siempre su devoción..."

Tenía muchos sueños y todos ellos muy "famosos y se cumplían". Se ordenó sacerdote el 1841 y desde entonces no paró hasta dar cobijo y digna educación a tantos niños que veía abandonados por las calles. El rezo de un Ave María hizo el milagro y fue el primer eslabón de esta maravillosa cadena de sus ORATORIOS. Centenares, millares de niños abandonados encontraron calor, educación, comida, vestido y cobijo cariñoso como en su propia casa. Mamá Margarita y su hijo se desvivían por ayudar a aquellos rapaces que el día de mañana serían buenos padres cristianos.

Dos eran las armas de que se servía, sobre todo, D. Bosco, para formarles: La eucaristía y la penitencia. Estos dos sacramentos obraban maravillas en aquellos jóvenes... Hasta le creyeron un poco mal de la cabeza por los "sueños" que llenaban su corazón y su mente en favor de los abandonados... Obraba milagros, pero siempre era Ella, la VIRGEN AUXILIADORA, quien los hacía, decía él. "No he sido yo, ha sido la Virgen Auxiliadora quien te ha salvado"... "Cada ladrillo de esta iglesia - se refería a la gran Basílica que en su obsequio empezó el 1863 - es una gracia de la Virgen María"... Para continuar su OBRA el 1857 fundó los Salesianos y poco después las Hijas de María Auxiliadora. Ellos llevan su espíritu. Antes de que le llegue su preciosa muerte a pequeños y grandes durante el tiempo de la Misa o del Rosario, se presentaba él y decía: "Yo lo hago esto sin haceros pagar, tan bien o mejor que él pero con una condición: Que vengáis después todos conmigo a la Iglesia"... Lo hacía y arrastraba a los espectadores a tornar parte en cuanto en el templo se hacía. Así iba llenando la iglesia de fieles a la vez que limpiaba el pueblo de personas poco recomendables...

San Francisco de Sales. Un modelo de vida relogiosa


San Francisco de Sales "uno de los más fieles trasuntos del Redentor", era hijo de los marqueses de Sales. Nació en Saboya el año 1567. Se educó en Annecy, en París y en Padua. En 1593 es ordenado sacerdote. Pasa largas horas de oración. "Las almas se ganan con las rodillas", confesaba. Atiende sin prisa al confesonario, predica, asiste a todos los necesitados.

Su celo apostólico no tenía fronteras. La provincia de Chablais había caído bajo el protestantismo. Hacia allí se dirige con su primo Luis para devolver aquellas ovejas al redil. Fue un trabajo paciente y costoso. Redactaba unas hojas sueltas, las célebres Controversias, que luego llegaban hasta los protestantes. Así le leerían los que no acudían a oírle.

A él se debe la conversión de más de sesenta mil calvinistas. El obispo Granier, que ve los frutos de la predicación de Francisco, lo recomienda como su sucesor. El año 1603 fue consagrado obispo. Multiplicó ahora su tarea apostólica: catequesis, predicación, sínodos diocesanos. Las dificultades eran numerosas. Entre otras la situación de la diócesis, que comprendía zonas de Saboya, Francia y Suiza. Era obispo titular de Ginebra, pero desde la rebelión protestante los obispos residían en Annecy. Un día Enrique IV, rey de Francia, le ofreció un rico obispado. Francisco contestó: "Me he casado con una mujer pobre. No puedo dejarla por otra más rica".

Uno de sus más fecundos apostolados fue el de la pluma. Tratado del amor de Dios. El arte de aprovechar nuestras faltas. Cartas. Controversias- Y quizá su mejor libro, de perenne actualidad, Introducción a la vida devota, que comprende una serie de normas para santificarse en el mundo.

Francisco se encontró en su camino con un alma excepcional, Santa Juana Fremiot de Chantal. Entre los dos surgió una honda amistad, ejemplo típico de equilibrio afectivo entre dos almas que caminan hacia Dios. Juntos fundaron la Orden de la Visitación, que consiguió pronto óptimos frutos.

Su vida era muy intensa. En París se encontró con Vicente de Paúl, que diría después: "¡Qué bueno será Dios, cuando tanta suavidad hay en Francisco!" Vuelve a su diócesis, y al llegar a Lyon se sintió desfallecer. Allí rindió su alma con la calma y serenidad de toda su vida. Era el 28 de diciembre de 1622, a los 56 años de edad. Sus restos fueron trasladados a la catedral de Annecy. Hoy reposan, cerca de la Cofundadora, en el monasterio de la Visitación, que domina el bello paisaje del lago y la ciudad. Canonizado el 1665, fue declarado Doctor por Pío IX el año 1877.

Santos son aquéllos que guardaron toda la agresividad para sí mismos, suele decirse. Eso fue Francisco, exigente consigo mismo, y ejemplo de moderación y de equilibrio para los demás. Es el santo de la dulzura, el apóstol de la amabilidad. "El más dulce de los hombres, y el más amable de los santos", a pesar de su fuerte temperamento. Se cuenta que al hacerle la autopsia, encontraron su hígado endurecido como una piedra, explicable por la violencia que se había hecho aquel hombre de fuerte carácter, que era en el trato todo delicadeza y suavidad. "En los negocios más graves derramaba palabras de afabilidad cordial, oía a todos apaciblemente, siempre dulce y humilde", afirma la Cofundadora, que le conocía bien.

La influencia de San Francisco de Sales en la espiritualidad ha sido enorme. Cuando San Juan Bosco buscó un protector para su familia religiosa lo encontró en él, y por eso su obra se llama salesiana. Salesianos y salesas llenan el mundo. Y es patrono de los periodistas católicos.

acta 31 de mayo 1949

Introduccion
El 20 de mayo de 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial, después de haber sido
liberado del campo de concentración de Dachau, el P. Kentenich regresó a Schoenstatt. Su
retorno fue el inicio de un período de grandes bendiciones para la Familia. La corriente de
gracias y de vida que tuvo su origen el 20 de Enero de 1942 y que había plasmado el Jardín
de María, significaba la maduración interna de Schoenstatt. Los lazos con el Fundador se
habían hecho aún más estrechos. La Familia lo reconocía como su fundador y cabeza, y esta
convicción se expresaba en la adhesión y seguimiento a su persona.

En Dachau el Padre había confirmado el carácter marcadamente sobrenatural de la Obra y
había sentido la urgencia de que Schoenstatt llegase a ser plenamente activo y fecundo en el
seno de la Iglesia. Percibía con claridad que el proceso cultural conducía al Occidente a su
ruina. Y, por otra parte, estaba convencido de la importancia del mensaje mariano de
Schoenstatt para vencer la mentalidad mecanicista que amenazaba no sólo a la cultura
actual sino la misma vida de la Iglesia. Por eso sentía la urgencia de ofrecer a ésta el don de
Dios que significaba Schoenstatt para este tiempo de cambio histórico. Con este fin -una
vez libre del campo de concentración-buscó activamente que la jerarquía se interesara por
el carisma de Schoenstatt, que lo valorara y lo recibiera.

A partir de 1947, el Padre emprendió sucesivos viajes al extranjero. Quería visitar a los
suyos y fortalecer en las Familias locales la vida naciente y transmitirles la riqueza que
Schoenstatt había experimentado a raíz de la profundización de la Alianza del 20 de Enero
de 1942.

Las iniciativas del P. Kentenich tendientes a que la jerarquía se ocupara de Schoenstatt no
tuvieron el éxito que él esperaba. En diversos sectores se constataban críticas al
Movimiento. Estas condujeron a que se designara una visitación diocesana a Schoenstatt de
parte del obispado de Tréveris. El juicio del visitador, en general, fue positivo. Sin embargo,
en su informe hizo observaciones y reparos referentes a la pedagogía que había aplicado el

P. Kentenich. Esto motivó al fundador -que en ese momento se encontraba en Argentina-a
escribir una extensa respuesta a las observaciones del visitador. Tras los reparos de éste, él
constataba una mentalidad que, a su juicio, acarreaba fatales consecuencias para la Iglesia y
la cultura de Occidente.
El P. Kentenich había sido invitado a bendecir, en Santiago de Chile, el nuevo santuario
construido junto a los Andes, en Bellavista. Casi sin dinero, pero con mucha confianza en la
Virgen, la pequeña Familia en Chile había logrado construir el Santuario. Las contribuciones
al Capital de Gracias y el esfuerzo de todos habían hecho posible este acontecimiento.

El Padre llegó a Santiago, procedente de Argentina, el 17 de Mayo. Durante ese período, en
la medida que se lo permitían sus actividades, se dedicó a escribir incesantemente su
respuesta al visitador. El 20 de Mayo bendijo el Santuario Cenáculo en Bellavista.

Pocos días después, en el atardecer del 31 de Mayo, el P. Kentenich se dirige, con algunas
Hermanas de María, al Santuario. Ha terminado la primera parte de su respuesta y quiere
ofrecérsela a la Santísima Virgen en esa fecha en que -de acuerdo a la costumbre de
Alemania-se celebra el término del Mes de María. Depositando su escrito sobre el altar del



31 de Mayo 1949


El P. Kentenich pronunció una plática que marcó lo que más tarde se llamará “Tercer Hito en la
historia de Schoenstatt”.

El P. Kentenich se daba plenamente cuenta de que enviar su respuesta a los obispos y
exponer claramente su pensamiento implicaba para él y para el Movimiento un
extraordinario riesgo, que su franqueza podía ser interpretada como altanería y sus ideas ser
rechazadas. Pero estaba convencido que la Divina Providencia le pedía hablar, que el
carisma de Schoenstatt al servicio de la Iglesia no debía permanecer oculto. Por eso, estaba
también dispuesto a sacrificarlo todo, aún aquello que él más -su Obra-por amor a la
Iglesia.

En esa misma ocasión, el P. Kentenich realiza un nuevo acto de envío para el naciente
Schoenstatt en Chile y para toda la Familia. Proclama una cruzada por la victoria del pensar,
vivir y amar orgánicos, por la perfecta restauración del organismo natural y sobrenatural de
vinculaciones: “Creemos -afirma en su plática-que tenemos que ofrecernos como
instrumentos para impulsar una contracorriente que vuelva a los países desde los cuales un
día estos pueblos recibieron su cultura, desde los cuales también nosotros hemos sido
abundantemente beneficiados”.

Con este paso, el P. Kentenich daba inicio a un cierto "cambio en la circulación de la
sangre" en el Schoenstatt internacional: era el comienzo de la “mayoría de edad” para
Schoenstatt fuera de Alemania. Los santuarios filiales, guardando la dependencia
fundamental del santuario original, adquirían una responsabilidad peculiar y recibían el
llamado a tomar conciencia de su misión particular dentro de la estructura orgánica de la
Familia.

El 31 de Mayo de 1949 marcó el inicio de lo que serían catorce años de cruz para el P.
Kentenich y para la Familia. No se hizo esperar mucho la reacción de parte de la jerarquía.
Esta vez Roma, a través del Santo Oficio, dispuso una visitación apostólica. El nuevo
visitador decretó la separación del Padre de su Obra y su exilio en Milwaukee.1 Sólo en
Octubre de 1965, junto con llegar a su término el Concilio Vaticano II, el P. Kentenich
recibiría nuevamente la libertad de acción que le había sido negada y serían levantadas todas
las limitaciones y prohibiciones que se le habían impuesto a él y a la Familia.