lunes, enero 15, 2007

acta 31 de mayo 1949

Introduccion
El 20 de mayo de 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial, después de haber sido
liberado del campo de concentración de Dachau, el P. Kentenich regresó a Schoenstatt. Su
retorno fue el inicio de un período de grandes bendiciones para la Familia. La corriente de
gracias y de vida que tuvo su origen el 20 de Enero de 1942 y que había plasmado el Jardín
de María, significaba la maduración interna de Schoenstatt. Los lazos con el Fundador se
habían hecho aún más estrechos. La Familia lo reconocía como su fundador y cabeza, y esta
convicción se expresaba en la adhesión y seguimiento a su persona.

En Dachau el Padre había confirmado el carácter marcadamente sobrenatural de la Obra y
había sentido la urgencia de que Schoenstatt llegase a ser plenamente activo y fecundo en el
seno de la Iglesia. Percibía con claridad que el proceso cultural conducía al Occidente a su
ruina. Y, por otra parte, estaba convencido de la importancia del mensaje mariano de
Schoenstatt para vencer la mentalidad mecanicista que amenazaba no sólo a la cultura
actual sino la misma vida de la Iglesia. Por eso sentía la urgencia de ofrecer a ésta el don de
Dios que significaba Schoenstatt para este tiempo de cambio histórico. Con este fin -una
vez libre del campo de concentración-buscó activamente que la jerarquía se interesara por
el carisma de Schoenstatt, que lo valorara y lo recibiera.

A partir de 1947, el Padre emprendió sucesivos viajes al extranjero. Quería visitar a los
suyos y fortalecer en las Familias locales la vida naciente y transmitirles la riqueza que
Schoenstatt había experimentado a raíz de la profundización de la Alianza del 20 de Enero
de 1942.

Las iniciativas del P. Kentenich tendientes a que la jerarquía se ocupara de Schoenstatt no
tuvieron el éxito que él esperaba. En diversos sectores se constataban críticas al
Movimiento. Estas condujeron a que se designara una visitación diocesana a Schoenstatt de
parte del obispado de Tréveris. El juicio del visitador, en general, fue positivo. Sin embargo,
en su informe hizo observaciones y reparos referentes a la pedagogía que había aplicado el

P. Kentenich. Esto motivó al fundador -que en ese momento se encontraba en Argentina-a
escribir una extensa respuesta a las observaciones del visitador. Tras los reparos de éste, él
constataba una mentalidad que, a su juicio, acarreaba fatales consecuencias para la Iglesia y
la cultura de Occidente.
El P. Kentenich había sido invitado a bendecir, en Santiago de Chile, el nuevo santuario
construido junto a los Andes, en Bellavista. Casi sin dinero, pero con mucha confianza en la
Virgen, la pequeña Familia en Chile había logrado construir el Santuario. Las contribuciones
al Capital de Gracias y el esfuerzo de todos habían hecho posible este acontecimiento.

El Padre llegó a Santiago, procedente de Argentina, el 17 de Mayo. Durante ese período, en
la medida que se lo permitían sus actividades, se dedicó a escribir incesantemente su
respuesta al visitador. El 20 de Mayo bendijo el Santuario Cenáculo en Bellavista.

Pocos días después, en el atardecer del 31 de Mayo, el P. Kentenich se dirige, con algunas
Hermanas de María, al Santuario. Ha terminado la primera parte de su respuesta y quiere
ofrecérsela a la Santísima Virgen en esa fecha en que -de acuerdo a la costumbre de
Alemania-se celebra el término del Mes de María. Depositando su escrito sobre el altar del



31 de Mayo 1949


El P. Kentenich pronunció una plática que marcó lo que más tarde se llamará “Tercer Hito en la
historia de Schoenstatt”.

El P. Kentenich se daba plenamente cuenta de que enviar su respuesta a los obispos y
exponer claramente su pensamiento implicaba para él y para el Movimiento un
extraordinario riesgo, que su franqueza podía ser interpretada como altanería y sus ideas ser
rechazadas. Pero estaba convencido que la Divina Providencia le pedía hablar, que el
carisma de Schoenstatt al servicio de la Iglesia no debía permanecer oculto. Por eso, estaba
también dispuesto a sacrificarlo todo, aún aquello que él más -su Obra-por amor a la
Iglesia.

En esa misma ocasión, el P. Kentenich realiza un nuevo acto de envío para el naciente
Schoenstatt en Chile y para toda la Familia. Proclama una cruzada por la victoria del pensar,
vivir y amar orgánicos, por la perfecta restauración del organismo natural y sobrenatural de
vinculaciones: “Creemos -afirma en su plática-que tenemos que ofrecernos como
instrumentos para impulsar una contracorriente que vuelva a los países desde los cuales un
día estos pueblos recibieron su cultura, desde los cuales también nosotros hemos sido
abundantemente beneficiados”.

Con este paso, el P. Kentenich daba inicio a un cierto "cambio en la circulación de la
sangre" en el Schoenstatt internacional: era el comienzo de la “mayoría de edad” para
Schoenstatt fuera de Alemania. Los santuarios filiales, guardando la dependencia
fundamental del santuario original, adquirían una responsabilidad peculiar y recibían el
llamado a tomar conciencia de su misión particular dentro de la estructura orgánica de la
Familia.

El 31 de Mayo de 1949 marcó el inicio de lo que serían catorce años de cruz para el P.
Kentenich y para la Familia. No se hizo esperar mucho la reacción de parte de la jerarquía.
Esta vez Roma, a través del Santo Oficio, dispuso una visitación apostólica. El nuevo
visitador decretó la separación del Padre de su Obra y su exilio en Milwaukee.1 Sólo en
Octubre de 1965, junto con llegar a su término el Concilio Vaticano II, el P. Kentenich
recibiría nuevamente la libertad de acción que le había sido negada y serían levantadas todas
las limitaciones y prohibiciones que se le habían impuesto a él y a la Familia.


1 comentario:

Anónimo dijo...

El Padre se nos presenta, no solo como fundador y profeta de nuestra familia y nuestro tiempo, sino mas bien como presencia clara de Dios en nuestra sociedad.

Ese es el llamado del amar, pensar y vivir organicos; seamos capaces al igual que los primeros de ser Padres forjadores de Historia...

Este es el año en que el Padre cumple 60 años de su visita, es el año en que la juventud Universitaria conmemora los 10 años de Ideal, y sin duda para nosotros es nuestro gran jubileo 10 años de Juventud de Schoenstatt en nuestro Coronel, seamos portadores de nuestro misterio, llevemos nuestra bandera al mundo para que como nosotros, la juventud y los hombres conozco la presencia de Cristo en nuestra Tierra, a traves de nuestra Madre.

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